maricela santos, colombia
Mi señor Atahualpa se bajo de la pared. Desnudo como estaba, volvió de la historia solo para encontrarme. Jamás lo habia visto asi, siempre lo vi en su circunstancia de poder. Lejos de mí. Y ahora, tan cercano a mi, ahora, tan humano.
Yo por mi parte, cuando se acerca temblo. No estoy muy segura que yo sea correcta para él. Todos los hombres y mujeres de la historia alli presentes nos miraban. Tal vez todos se hacían la misma pregunta.
Cuando caminamos juntos por el jardín, se oye la musica, no estoy muy segura si en realidad suena o solo es en mi cabeza. Bueno él me produce alucinaciones, no estoy muy segura de nada cuando estoy con el. Solo tiemblo.
Mi señor Atahualpa me toma de la mano, hace un pase mágico con la otra sobre mis ojos y me muestra el dolor del mundo, pero de manera diferente. Me enseñó que no soy culpable de él. De ese dolor.
Ahora tal vez, por eso estoy mas tranquila, aunque ese dolor me duele igual. Mi señor Atahualpa, me enseño a ver el mundo diferente. Aun no me acostumbro pero bueno. ... En realidad no se cual sera el resultado en mi, ahora.
El es mi inspiración, él es el Señor terrenal de America, no la máscara. El es el espiritu de nuestra cultura, el que hace posible nuestra esperanza. En él pido a la virgen de Guadalupe, sabiduría, igual pido para mí.
Por ahora he vuelto a nuestra casa. La de ventanas grandes, la de mandera, de techos altos, en el silencio de nuestra montaña. Una montaña que solo visitamos los dos. Sagrada para mí, no se para él. Yo alli, ante él desnudo mi alma, duermo tranquila y soy feliz
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Por lobitogabriel - 6 de Marzo, 2007, 9:42, Categoría: lecturas
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